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Después de muchos años de dedicación y éxito, el restaurante Pentxo en el Casco Viejo de Bilbao ha anunciado su cierre. Loli, la mujer de Pentxo, nos ha compartido sus sentimientos de nostalgia y orgullo en una emotiva entrevista al poner fin a esta etapa que ha dejado huella en la gastronomía local.
El restaurante, que lleva años siendo un referente en la zona, cierra debido a la jubilación de sus propietarios, Pentxo y Loli. «Cerramos el local y lo tenemos puesto en venta. En dos años, si no se vende, igual lo cogen los hijos, pero eso no está hablado, es cosa mía, no me han dicho nada mis hijos», comenta la propietaria.
«Pentxo lleva en la hostelería desde los 14 años»
Pentxo y Loli comenzaron su viaje por el mundo de la hostelería en el Sukalki, donde estuvieron 11 años, antes de mudarse al Casco Viejo. «Empezamos allí, que era solo bar, y dábamos pintxos», recuerda la propietaria, quien añade que su marido lleva en la hostelería desde los 14 años.
Respecto a su carta, Loli asegura que no hay ningún plato que destaque sobre los demás, aunque señala que las carrilleras, los txipirones, el rabo y las manitas de cerdo han sido algunos de los más queridos por sus clientes.
Con el cierre del Pentxo, también llega el fin de un lema que ha acompañado al local durante años: «La casa del buen comer». Y no es para menos, ya que si hay algo que caracteriza a este restaurante es su calidad.»Toda la comida que servimos es casera y la gente nos dice que les recuerda a sus abuelas. Las reseñas y los comentarios son siempre positivos», asegura la cocinera. También subraya que los productos que utilizan son de primera calidad, comprados en el mercado de la Ribera, de donde obtienen carne, pescado, y otros productos frescos.
«Estoy muy orgullosa de los clientes que tengo»
En cuanto al aumento de reservas desde que se supo que el local iba a cerrar, Loli comenta que la situación es “terrible” debido a la gran demanda, con todo completo. “Con suerte, tenemos un hueco entre las 13:00 y las 14:00”, confiesa. Además, expresa con emoción el orgullo que siente: “Estoy súper orgullosa de los clientes que tengo. Esta despedida ni por nada del mundo me la imaginaba”. También reconoce el cariño que siempre ha existido por parte de los comensales hacia el local ya que a “Pentxo le quieren mucho”.
El cierre del restaurante no ha pasado desapercibido entre los clientes habituales, quienes siguen preguntándose «¿Dónde vamos a ir ahora?» tras años de tradición en el restaurante. «Cuando abrimos, teníamos clientes de 55 años de siempre, que ya no están, pero ahora vienen sus familias a comer, como cuando eran pequeños y venían con ellos», relatan los propietarios con nostalgia.
El restaurante Pentxo cierra sus puertas con el orgullo de haber trabajado siempre con el cliente como prioridad. «Nos vamos con el restaurante en la cresta», afirman, satisfechos por el éxito logrado a lo largo de los años.