
En lo más profundo de la provincia de Burgos, se encuentran las diminutas ermitas de Tobera. Un verdadero tesoro arquitectónico que une historia, arte y naturaleza. La más conocida de estas ermitas es la de Nuestra Señora de la Hoz. Una impresionante iglesia del siglo XIII que parece salir directamente de la roca que la rodea. Tallada en piedra de toba, el edificio está diseñado siguiendo el estilo gótico, aunque también conserva elementos románicos que hablan de su evolución a lo largo de los siglos.
Incrustada en la montaña
Lo que hace única a la ermita de Nuestra Señora de la Hoz es su ubicación. Prácticamente incrustada en la montaña, con vistas espectaculares de los alrededores. El soportal con arcos ofrece un escenario perfecto para los visitantes que, además de disfrutar de la belleza del templo, pueden contemplar el impresionante paisaje de la zona. En la Edad Media, este lugar servía como un importante refugio para los peregrinos que recorrían el Portillo de Busto en su camino hacia Santiago de Compostela.
Historia y arquitectura medieval
A los pies de la ermita principal se encuentra otra pequeña joya: una segunda ermita, aún más diminuta, construida en el siglo XVII. Esta iglesia alberga un altar dedicado al Cristo de los Remedios, un símbolo religioso profundamente arraigado en la tradición local. A pesar de su tamaño reducido, su encanto y su valor histórico la convierten en una parada obligatoria para los amantes de la historia y la arquitectura medieval.
Las ermitas de Tobera, aunque discretas en tamaño, son un reflejo perfecto de la devoción y el arte de una época que, aunque distante, sigue viva en cada rincón. Su conservación y el esfuerzo por mantener viva la tradición de los peregrinos y las culturas que habitaron la región, hacen de este lugar un tesoro escondido en el corazón de la naturaleza burgalesa.