El Bilbao Basket pasó por encima de un Dijon que ni en sus peores pesadillas hubiese imaginado un final tan trágico. Una remontada histórica, un derroche de valentía y confianza, y una noche que pasará a ser parte del legado de los men in black en el año de su 25 aniversario.

¡Pero que has hecho Bilbao Basket! Es la frase que repetía esta pasada noche de miércoles tras asistir a una de las remontadas más memorables de la historia reciente del baloncesto. Los hombres de negro, sin sus dos principales pívots y con el desafío de remontar un déficit de 19 puntos de la ida, protagonizó una de las gestas más impresionantes de su historia. Con un final de partido de auténtica locura, los de Ponsarnau se impusieron por 97-68 al Dijon y se clasificaron para la final continental, donde les espera un clásico entre los clásicos, el PAOK Salónica.
El partido comenzó con buen ritmo para los bilbaínos, que, impulsados por la grada de Miribilla, saltaron al campo con la intensidad necesaria para dar la talla. Sin embargo, los fallos en el tiro exterior dificultaron el avance del equipo local. A pesar de las dificultades, el Bilbao Basket se mantuvo al mando hasta el descanso (35-30), aunque con una sensación de que el tiro exterior aún no estaba afinado y de que mucho tenían que mejorar las cosas para obrar el milagro.
En la segunda mitad, las cosas no mejoraron mucho desde la distancia. El Dijon, aprovechando su superioridad interior, continuó metiendo presión y, con una ventaja de 19 puntos acumulada de la ida, parecía tener todo bajo control. A pesar de los esfuerzos por parte de Abdur-Rahkman y Dragic, que comenzaron a anotar de tres en tres, el equipo francés lograba mantener su ventaja. El tercer cuarto terminó con un 56-52, lo que hacía parecer que el sueño de la remontada estaba cada vez más lejano.
Gesta
Pero entonces llegó la gesta a pico y pala. A falta de cinco minutos para el final, el Bilbao Basket activó un parcial histórico de 28-2 que dejó sin respuesta al Dijon. Todo se alineó: el acierto en el tiro, la intensidad defensiva y el trabajo incansable de todos los jugadores. El Dijon, que ya había visto cómo se desmoronaba su ventaja en la ida, ahora vivía una auténtica agonía.