
La historia de Mari Carmen García, madre de un trabajador despedido de Bridgestone en Basauri hace 13 años, resuena hoy con mayor fuerza debido a la nueva ola de despidos anunciada por la multinacional japonesa. En 2009, su hijo fue uno de los 200 empleados afectados por un recorte masivo de personal en la planta de Basauri, dejando a muchas familias en una situación desesperante. El dolor y la frustración de entonces se mezclan con la creciente incertidumbre que ahora afecta a otros 335 trabajadores de la misma planta, quienes se enfrentan a un futuro incierto tras el anuncio de un Expediente de Regulación de Empleo (ERE).
Manifestaciones y protestas
Mari Carmen ha revivido esos momentos tan duros al hablar de la falta de apoyo tanto de los sindicatos como de las instituciones en su momento. «Nos sentimos completamente solos», aseguró, al recordar cómo las manifestaciones y protestas no lograron evitar el despido de su hijo, a pesar de que la empresa había mostrado un aparente reconocimiento hacia su trabajo.
A partir del próximo 7 de abril, los trabajadores de la fábrica de Basauri irán a la huelga para rechazar los despidos de 335 empleados, como parte de una convocatoria impulsada por CC. OO., UGT, ELA y BUP. Las movilizaciones se prolongarán hasta el 31 de mayo, coincidiendo con el período de consultas del ERE, que podría extenderse hasta 45 días. La situación es aún más grave, ya que el expediente de regulación también afectará a 211 trabajadores de la planta de Cantabria, por lo que los sindicatos han decidido coordinar las protestas en ambas ubicaciones.
«Ojalá consigan algo más de lo que nosotros logramos»
El Gobierno Vasco, por su parte, ha solicitado una reunión con la dirección europea de Bridgestone para tratar de mitigar el impacto de estos despidos. La consejería de Industria, Transición Energética y Sostenibilidad trabaja junto al Ayuntamiento de Basauri y la Diputación de Bizkaia en la búsqueda de soluciones que puedan evitar la destrucción de empleo y minimizar el daño a las familias afectadas.
Mari Carmen, aunque aún llena de frustración por la falta de acción en su momento, se muestra esperanzada en que los trabajadores logren algo más en esta ocasión. «Ojalá nos equivoquemos, ojalá consigan algo más de lo que nosotros logramos», declara. Aún recuerda con dolor cómo su hijo, a pesar de ser muy valorado en la empresa, no pudo evitar ser uno de los despedidos. «Al final, todo se reduce a un número», concluyó.