
Reincorporarse a la rutina tras unas vacaciones, especialmente si han sido largas, puede resultar emocionalmente complicado. Pasamos de disfrutar del tiempo libre, sin horarios ni obligaciones, a despertarnos con la alarma y retomar nuestras responsabilidades laborales o académicas. Este cambio puede generar un malestar conocido como síndrome post-vacacional.
Desde la psicología, se define como un conjunto de síntomas físicos y emocionales que pueden aparecer al regresar al trabajo o a los estudios, y durar hasta dos semanas. Aunque no se considera un trastorno como tal, afecta al 35% de las personas menores de 45 años.
Entre los síntomas físicos destacan el cansancio, falta de apetito, dolores musculares, de cabeza y estómago. A nivel emocional, podemos sentirnos tristes, irritables, con dificultad para concentrarnos y desmotivados. Todo ello está relacionado con el estrés adaptativo que conlleva retomar el ritmo habitual.
El origen de este malestar suele estar en la percepción negativa del trabajo o los estudios. Sin embargo, estas áreas también pueden aportar satisfacción personal y sentido vital. Si disfrutamos de nuestro entorno laboral o académico, es probable que el malestar sea menor y más breve.
Recomendaciones para facilitar el regreso a la rutina:
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Volver de viaje con uno o dos días de antelación para adaptarse con más calma.
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Retomar poco a poco las tareas, sin exigirse demasiado al principio.
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Mantener una mirada flexible y objetiva sobre las obligaciones.
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Incorporar actividades de autocuidado y ocio que nos motiven.